sábado, 2 de abril de 2011

Mendoza 4 de enero de 1970: la rotura de la represa Frías


El destino, impuesto por el hombre, ha emplazado a la ciudad de Mendoza en las últimas hondonadas de la cordillera de Los Andes. A veces, pasos naturales de las aguas, esos accidentes topográficos se han ido cubriendo con el crecimiento de la ciudad.

Aquel domingo 4 de enero de 1970 se presentaba aburrido, caluroso y húmedo. No había fútbol por el receso de verano. El Parque y los cisnes del centro -que todavía funcionaban-, eran dos de las opciones 'para hacer algo' en esa jornada.

Los nubarrones negros, estaban hacia el lado de la 'boca del río' y, como decían los viejos de antaño, ello preanunciaba una tormenta de proporciones. Había llovido ese día en la zona del pedemonte (1) y el agua bajaba desde los cerros hacia los colectores naturales para detenerse en los diques de contención que rodean la ciudad.

La naturaleza pudo más que los cálculos más finos de los ingenieros y el dique Frías, ubicado en Godoy Cruz, comenzó a desbordarse hasta que se rompió, provocando que el agua bajara con fuerza inusitada hacia la ciudad. El dique Frías tenía una capacidad de 6 millones de metros cúbicos, que al colapsar se abrieron paso hacia las zonas urbanas.

Enseguida se produjeron los primeros muertos, ocupantes de viviendas instaladas en el zanjón Frías, en Villa del Parque. El frente de destrucción y muerte se extendió desde Luján hasta Las Heras.

Las imágenes posteriores quedará grabadas para siempre en muchos de los que hoy peinan canas. La calle San Martín quedó desbordada por un torrente de agua y lodo de casi un metro de alto, que arrasaba todo lo que encontraba a su paso. Mesas, sillas, automóviles y muchos transeúntes desprevenidos y sorprendidos eran llevados como papeles por la corriente. Algunos lograron salvarse tomándose de un árbol o de los semáforos que en ese entonces se ubicaban en el centro de la arteria (donde anteriormente estaban las garitas de tránsito), o eran socorridos por gente desde los edificios. Otros no corrieron la misma suerte y pasaron a engrosar la lista de 21 víctimas fatales (19 en Mendoza, 1 en San Martín y 1 en San Rafael).

Otros se salvaron por milagro. Es el caso de un oficial de Aeronáutica que esperaba a su esposa, en la vereda del edificio que la fuerza tiene en la avenida San Martín. De pronto la corriente lo arrastró varios metros, siendo rescatado frente al Automóvil Club totalmente desnudo, pero ileso.

Fue el 4 de enero de 1970 y por esas extrañas casualidades ese aluvión pudo ser visto por miles de mendocinos. En aquel entonces no existía la televisión por cable y la gente centraba su atención en los canales 7 y 9. Canal 7, precisamente, tenía sus estudios en la intersección de San Martín y Garibaldi, y los camarógrafos -a través de las ventanas- pudieron captar nítidamente la angustia de quienes desde los edificios veían crecer el agua en la calle y la desesperación de los automovilistas por abandonar sus rodados para buscar salvación.

Aquellos que viajaban desde el Este, el Norte y el Sur, tuvieron la suerte de no poder llegar a la ciudad. El puente Olive, que conectaba con Luján por calle Cervantes (todavía no existía el Acceso Sur), había sido arrastrado por el agua; los que vinculaban con Guaymallén estaban en pie, pero el agua había desbordado el canal Cacique Guaymallén y los dejaba intransitables. Lo mismo ocurría con todos aquellos que unían a la ciudad con Las Heras como consecuencia del zanjón de Los Ciruelos.

La tragedia comenzó poco antes de las seis de la tarde. El agua que bajó desde el dique colapsó el zanjón Frías. Se rompieron las lozas de los costados y los socavones en la tierra de los márgenes arrastraron viviendas y todo lo que encontraban en las cercanías. Como toda la red hídrica estaba colapsada, el agua y el lodo buscaron otra salida. Y la encontraron en la calle San Martín.

La crónica del diario Los Andes es dramática: "Un furioso torrente de agua marrón descendió de los cerros, colmó la capacidad de los zanjones y desbocó por todas las calles de la ciudad". Más adelante señalaba "casi a las 18:15 vimos bajar, rugiente, el agua por la avenida San Martín. El primer frente comenzó a llevarse las sillas y mesas ubicadas en las veredas. Poco después aumentó considerablemente el caudal de la crecida y los automóviles estacionados comenzaron a flotar. Primero se movió un coche chico y seguidamente los más grandes. La avenida San Martín se llenó de chapas que crujían", decía el periodista.

La crónica continuaba indicando que un Citroën estacionado frente al City Bank "con una familia en su interior (inclusive una criatura de meses) fue arrastrado por el agua. Afortunadamente 20 metros antes de llegar a Sarmiento chocó contra un árbol y fue encerrado por otros vehículos. Los serenos de una obra en construcción ayudaron a la familia a descender". Inclusive en la puerta del diario Los Andes se formó una cadena humana para rescatar a otra mujer en una situación desesperante.

"Contra un árbol de la vereda del Automóvil Club chocó el cuerpo de una mujer de edad. Inconsciente, fue recogida y trasladada hasta el hall de un edificio donde vive un médico que le prestó las primeras atenciones".

Hubo caos y desesperación durante la más de media hora que duró la pesadilla. Cuando pasó, las escenas eran propias de una guerra. "Aparecieron los camiones de bomberos y las ambulancias que, con sus sirenas e insistentes toques de bocinas, aumentaban la imagen de la desgracia", decía la crónica.

Las pérdidas habían sido cuantiosas (calculadas en 5.000 millones de pesos de aquella época) y las informaciones posteriores fueron más dramáticas aún. El agua había arrastrado viviendas en los barrios aledaños al zanjón de Los Ciruelos, arrancó la pasarela ubicada a la altura de calle Cipolletti y se llevó columnas de cemento. En el barrio Cívico, el agua inundó los sótanos de la Casa de Gobierno, mientras los jardines estaban cubiertos de agua, tambores de gasoil, postes, cajones, muebles, ropas y raíces. En la Cuarta Sección, las calles Coronel Díaz, Montecaseros e Ituzaingó se habían convertido en verdaderos ríos, mientras Las Heras vivía horas de angustia, especialmente en los barrios Independencia y Espejo.

A las referencias anteriores deben sumarse las pérdidas por inundaciones en Chacras de Coria, Vistalba, Costa de Araujo y Perdriel. Además de las pérdidas de cosechas, que en algunos lugares fueron totales. Como así también debe considerarse el lucro cesante, ya que muchas plantaciones no dieron frutos hasta dos años después. Finalmente se debe mencionar el daño sufrido por la red vial.

El aluvión tuvo repercusión internacional. El presidente Juan Carlos Onganía viajó a Mendoza para interiorizarse de la situación y se reunió con el gobernador José Eugenio Blanco, mientras desde Chile llegó ayuda por vía aérea.

Testimonio de los damnificados

Alfredo Del Giusti, a la sazón jefe de noticias del desaparecido diario Mendoza, se puso a la cabeza de sus cronistas y recorrió varios lugares. Tiene muchos recuerdos del hecho: "En Beltrán y Montecaseros iba circulando una carroza blanca, tirada por cuatro caballos, portando a un niño fallecido. El agua llegó al pecho de las bestias de tiro. Fue una foto premiada en un concurso internacional. Realmente era impactante".

Francisco Orsini, ex secretario de redacción del diario Los Andes: "Era un día domingo de enero y por eso había muy poca gente en el diario. La vieja redacción de Los Andes daba a calle San Martín y escuchamos gritar. Cuando nos asomamos, vimos una masa de agua y barro que bajaba con fuerza por la calle. Primero se llevó las mesas y las sillas ubicadas en las veredas y después arrasó con los autos. Fue todo sorpresivo. Los autos quedaban atorados en las esquinas junto a los semáforos o a los árboles.

"Todo duró poco más de media hora y cuando terminó parecía una guerra por las sirenas de los bomberos y las ambulancias. Ese día trabajamos a destajo y en los posteriores el tema pasaba por conocer el estado de los heridos y lo que había pasado en otros departamentos. El presidente Onganía salió por primera vez de Buenos Aires y vino a Mendoza por la gravedad del caso".

Carlos Gelabert, jubilado ferroviario: "En la Sexta Sección estaba con mi esposa cuando escuchamos el ruido del agua bajando por los zanjones. Fuimos a ver y observamos el canal desbordado, arrastrando árboles, piedras de gran tamaño y taponando los puentes. La gente de los alrededores estaba desesperada porque temía que el agua ingresara a las viviendas.

Nunca había visto tanta agua bajando desde los cerros y no había forma de controlarla. Fue impresionante".

El imprentero Jorge Oscar Cruz, entonces de 38 años, que vivía en Batalla del Pilar, se refugió con los suyos en la planta alta de la única casa de dos plantas de la cuadra. "Las casas estaban todas inundadas y había hasta un metro de agua en su interior".

Mirta Tuler en 1970 tenía 17 años y residía sobre la calle Belgrano frente al barrio Cívico, a una cuadra de Peltier. Recuerda que se encontraba con su familia en la planta alta de su casa , cuando se produjo la interrupción del servicio eléctrico. Encendieron la radio a transistores donde se informaba sobre el meteoro. Minutos después un rumor extraño, los llevó a las ventanas desde donde vieron una masa de agua muy oscura que avanzaba rápidamente cubriendo toda la calle. Tras este primer avance, el torrente se tornó más lento y pastoso. El zanjón Frías había desaparecido bajo esas aguas y junto con la calle conformaban un gran río que, frente al domicilio de Mirta, subió hasta medio metro, dejando un sedimento de 30 cm acumulado en el garage.

Como si escapara de los abrumadores recuerdos de la trágica tarde, comenta que formaba parte de un grupo literario relacionado con el escritor Ramponi. Cuya esposa quedó muy afectada por la inundación, incluso tratada psicológicamente, debido a la pérdida de sus obras pictóricas depositadas en el sótano de su casa.

Ana María Giménez, empleada: "Estábamos con mi mamá en la casa de una tía cuando vino mi primo diciendo que cerráramos todo porque se había desbordado el zanjón Frías. Así lo hicimos y pudimos salvar las pertenencias. En la casa de un vecino no había nadie. El agua presionó, rompió la puerta y las ventanas y comenzó a desvalijar la casa. Veíamos cómo salían las sillas, la heladera y hasta la ropa que esa gente había dejado fuera de los roperos. Cuando salimos, las calles eran un verdadero caos".

La profesora Nelly Gray de Cerdán, en aquella época, se aprestaba a preparar su tesis doctoral y el hecho que nos ocupa, fue el tema de la misma. Pero además de esto, fue testigo presencial de la tragedia en momentos en que regresaba de un día de campo. Cuenta que salieron aproximadamente del club en donde se hallaban, preocupados por la gran tormenta que se abatió sobre Charcas de Coria, alrededor de las cinco de la tarde, pero cuando llegaron a la intersección de la calle Ugarte y Panamericana, unos 20 m antes, el motor del automóvil se detuvo, por efecto de la fuerte lluvia y las aguas que ya corrían por el camino, salidas del cauce de un zanjón que se hallaba a esa distancia y que descendía del piedemonte. Se mantuvieron en el interior del vehículo y cuando amenguó la tormenta, limpiaron los vidrios empañados del parabrisas. Entonces observaron el patético espectáculo que traía el canal: heladeras, troncos, etc. El agua comenzó a desbordarse peligrosamente y saliendo del auto, se refugiaron en un sitio más alto, donde debieron permanecer hasta las seis de la mañana, en que el caudal descendió dejando más o menos visible el puente, por donde debían cruzarlo. 

Después vino el trabajo en la Universidad,
"Lo que ocurre, es que en aquella época no existía el criterio ecologista con que hoy tratamos estos temas, se confiaba mucho más en la tecnología, en las grandes obras. Único medio que podía darnos la protección necesaria. Actualmente, por suerte, esa filosofía de los grandes diques, se está complementando con otras obras menores, pero de gran importancia... ". La profesora Cerdán también dijo: "El hombre se ha involucrado con la naturaleza al organizar el espacio voluntaria o involuntariamente. De manera que nos movemos en medio de un paisaje fruto del hombre, antrópico, no natural. Los mendocinos hemos creado un oasis en medio del desierto, pero hemos roto un equilibrio natural. Esto hace que la labor diaria dependa de la inteligencia que el hombre emplea en defensa de  la naturaleza que pugna constantemente por imponer y mantener su ritmo".

¿Por que colapsó el dique frías?
En una de las primeras acciones gubernamentales, el Ministro de Obras y Servicios Públicos mendocino, Luis M. Magistochi, ordenó mediante Resolución Nº 1/70, la formación de una comisión que examinara técnicamente el origen del desastre. Dicha comisión fue encargada de investigar la destrucción del dique Frías. En su informe concluyó que el estado de la presa era óptimo para cumplir con el objetivo para el cual se había levantado: 'atenuación de crecientes'. Respecto al material de embanque, informó que tras una serie de verificaciones en las paredes laterales de la cuenca del Frías, aquel se encontraba a 11 m por debajo del coronamiento, que alcanzaba los 14 m desde el lecho del dique. Es decir, que el volumen de sedimentos depositados era de 3 m aproximadamente; se trata del 7,2 % (10.000 ) de la capacidad máxima de embalse, calculada en 140.000 . El mismo informe continúa diciendo que, el fenómeno del 4 de enero aportó un volumen de agua que sobrepasó la capacidad del vaso y determinó el funcionamiento forzado de la obra de toma y del aliviadero, que no lograron atenuar el caudal que bajó de la cerrillada.

Según el ministro Magistochi, el sistema estaba en perfectas condiciones y el dique Frías se hallaba limpio cuando fue inspeccionado, justamente un día antes del desastre. Sin embargo, gente del lugar dijo a la prensa que el embalse se hallaba embancado en un cuarto de su parte. A estas afirmaciones, el ministro agregó que el embanque habría ayudado a mantenerlo en pie, algunos minutos más y que de haber estado totalmente limpio, no habría contenido las aguas.

Esto nos indica, en primer lugar, una aparente contradicción en las declaraciones del funcionario y la falta de certeza en los datos que habría poseído la insitución. Luego, deducimos que el ministro acepta que el dique se hallaba embancado en un gran porcentaje, pero agrega inmediatamente que dicho estado de embancamiento habría servido para prevenir que el muro de contención se desmoronara antes. Sin demasiado conocimiento de las leyes de hidráulica, cualquiera puede deducir que el daño habría sido menor si el dique hubiera funcionado correctamente, liberando a las aguas por sus conductos correspondientes y limpios. Y que, si su destino era derrumbarse, menos nocivo habría sido, que ello se produjera antes de que la presión y el volumen de líquidos y elementos acumulados fuese mayor, sin esperar a que el embanque depositado en el lecho del dique, 'lo mantuviera en pie algunos minutos más'; afirmación esta, que pertenece al ministro Magistochi.

Vecinos y personas que lo habían visitado informaron a los medios que el dique presentaba grietas en sus paredes. Construido en 1942, bajo la direción del ingeniero Federico Tapper, quien también acudió al lugar e hizo declaraciones a la prensa, algunas de las cuales confirmarían el mal estado de conservación del Frías.

Al respecto, hay que aclarar que fue poca o nula la importancia que se dio a sus declaraciones, posiblemente muy valiosas, por su participación en la obra y por su experiencia e interés al presentarse espontáneamente, en el lugar de los hechos. También extraña que sea su única aparición en la prensa, ya que no se advierte su presencia en actividad pública alguna, después de visitar el lugar y hacer declaraciones como estas: "... el dique no funcionó gracias a la mala conservación de sus dispositivos. Con sólo tres metros de margen para trabajar desde la base de embancado hasta el coronamiento, la torre de descarga y posiblemente el canal aliviadero, no funcionó".

Aclaró luego que la pared del dique tenía por única misión evitar que el agua se filtrara a través de las piedras, es decir, era impermeabilizado; y que la contención sería realizada por acumulación de piedras. "El dique Frías fue concebido para controlar el paso del agua, no para contenerla. Los excesos de los caudales serían eliminados por la torre de evacuación y por el vertedero aliviador".

Todo el sistema dependía de un cuidado constante, consistente en el desembanque y la limpieza de las bocas de entrada de los dispositivos que permitieran una salida paulatina, del agua acumulada en el cuenco del dique. Su conclusión fue: "... imposibilitado el dique de realizar su función de drenaje y con un margen de seguridad de sólo 3 m, fue fácilmente arrasado por la masa de agua que descendió de las montañas. En buenas condiciones, los dispositivos hubieran podido impedir el desastre o, por lo menos reducir sus consecuencias".

Estas consideraciones del ingeniero Tapper, contrastan bastante con lo manifestado por el ministro Magistochi, quien parece haber reducido el control del dique, a un sobrevuelo en helicóptero, el día anterior; después del cual habría considerado que la presa se hallaba en buen estado de funcionamiento.

Sin embargo, el ingeniero Tapper, tampoco escaparía a ciertas contradicciones, o por lo menos a la falta de criterio y quizás de conocimientos de la zona y su peligro aluvional. Al seguir con la lectura del informe que presentara a la comisión antes mencionada, observamos que en el proyecto elevado al Inspector General de la ex Dirección Nacional de Irrigación, ingeniero C. A. Volpi, en mayo de 1939, el ingeniero Tapper defiende su proyecto porque reemplazaría con ventajas a otro que consideraba la construcción de dos diques: el 'A', en el sitio donde confluyen actualmente los ríos secos y forman el zanjón Frías, y el 'B' que no se ha conseguido ubicar.

Consideraba sin objeto la construcción del conducto de desagüe que atraviesa la escollera, para este tipo de presa que debía contener agua por pocas horas y para las escasas lluvias que precipitan en la cuenca.

Se aprecia aquí la falta de conocimiento del medio y la falta de experiencia, al emprender una obra que debía resguardar a una ciudad de una vía natural de aguas. Que ya en aquella época, había manifestado importantes avenidas aluvionales. Tal es el caso de la crecida de 1936, con una precipitación de 15,6 mm.

El dique propuesto regularía hasta el doble de lo registrado en aquella oportunidad. Evidentemente no sirvió para posteriores inundaciones como la registrada en 1959 y por supuesto tampoco en la de 1970.

Lo cierto es que el dique se construyó bajo la dirección de Tapper, pero su proyecto fue modificado incluyéndose la torre y el conducto de desagüe; y así mismo, la obra resultó inútil para el gran volumen de líquido y sedimentos, que fueron a dar contra el dique que no pudo evacuar los afluentes resultantes de aquel diluvio de 50 mm precipitados en una hora, aproximadamente.

Por huellas de sedimentos en las laderas de la olla, el volumen de agua y barro llegó a superar en 0,78 metros el coronamiento del dique, que cedió por la presión del material de arrastre, al no encontrar cabida en el lecho del embalse, ocupado ya por diversas capas de sedimentos acumuladas a través del tiempo.

Al respecto, la opinión en cuanto a los niveles de embanque, motivo principal para dilucidar las causas del desastre, varían según la fuente de donde provenga.

La Comisión Oficial dice que el nivel se hallaba por debajo de los 11 m de la coronación del dique, que alcanza 14; por lo tanto, la torre con celdas de desagüe de 10 metros se hallaba obstruida en un 30 %; y el canal aliviador parcialmente obstruido. Si esto es correcto y teniendo en cuenta el gran volumen de sedimentos que produjo la bajante, la obstrucción por falta de desembancado, ayudó para que el proceso se completara antes de que el dique alcanzara a evacuar. Por el contrario, en diciembre de 1939, durante la finalización de su construcción, cuando el pluviómetro ubicado en la obra registró una lluvia de 46,8 mm, el dique pudo evacuar correctamente. Es decir, con el dique terminado y en perfectas condiciones se pudo regular el agua; lo que no ocurrió el 4 de enero de 1970.

Para Tapper, el nivel de embancado habría alcanzado hasta 11 m, obstruyendo la torre y el canal aliviador.

El ingeniero Carlos Segerer, jefe técnico a cargo del despacho de la Dirección de Hidráulica, señaló en 2003: "Fue un accidente en una obra programada en la década del 30 y construida en la del 40, con las previsiones que había dado el estudio de años anteriores. Pero la naturaleza muchas veces es imprevisible". Segerer aseguró que en ese tipo de obras se trabaja de acuerdo con las estadísticas, y "a veces la naturaleza rompe esas estadísticas".

Aseguró que el dique Frías no estaba embancado y lo demostraron con fotografías aéreas tomadas dos meses antes del aluvión. "De haberlo estado, la Provincia habría perdido millones de pesos en juicios", dijo, para agregar que "la estadística marcaba una crecida máxima de 120 metros cúbicos por segundo y se previó el dique para esa cantidad. Pero como llovió durante tres días y las cuencas estaban colapsadas, ese día el caudal llegó a los 300 metros. El vertedero natural fue sobrepasado y la presa de tierra no aguantó. Ahora hemos previsto un aliviadero de 150 metros cúbicos, pero no sabemos si la naturaleza alguna vez puede llegar a hacer una mala jugada. En todo el mundo los ingenieros nunca dicen que jamás volverá a pasar, porque la que manda es la naturaleza".

Según los vecinos, la pared estaba agrietada y el zanjón, aguas abajo, no estaba asegurado con paredes de refuerzo.

Casi todos los que han expresado su opinión, coinciden en la falta de atención y mantenimiento del sistema aluvional, por lo menos en lo que se refiere a la simple observación directa de los que por esos días serían testigos del desafortunado hecho.

Después de ocurrido el siniestro, vemos aparecer los antecedentes, 1939: 46 mm, 1959 otra gran inundación pasada la cual el dique fue reparado y limpiado en 1962, después de que fuera creada la Dirección de Defensa contra aluviones (Ley 2797 del 23/01/1961).

En 1967 se habría realizado el desembancado nuevamente con máquinas de la D.P.V., en el tramo comprendido entre el camino que conduce al cuenco del Frías, hasta el dique mismo, según el ingeniero Daniel E. Cardone de la Dirección de Hidráulica. Pero del desembancado del mismo cuenco nada informa. Sólo insiste en que al día de la inundación se hallaba desembancado, confirmado esto personalmente durante el mismo 4 de enero de 1970, en horas de la mañana. Agrega que esto puede ser constatado por fotografías tomadas en octubre de 1969.

Esto es curioso y hasta confunde nuestro juicio. Una vez más tenemos que hacer frente a diversas opiniones: la del responsable, quien culpa a lo impredecible de la naturaleza y que como hombre de ciencia explica la variedad de elementos que se ponen en juego en una determinada situación, que deriva en caos, según el grado y dimensión que alcancen (densidad de cúmulos, altura, humedad, tiempo de precipitación, etc.), y la del simple observador y afectado que sabiamente intuye, pero no posee los medios para hacer frente a las advertencias del espíritu.

El padre Edgard Tarico
Edgard Tarico -fallecido en 2009- era un sacerdote tercermundista que en 1970 dirigía la capilla Nuestra Señora Virgen del Valle , en Villa del Parque. Recordó: "Aquel días llovió durante horas". Por la tarde, la lluvia se detuvo y habiendo terminado sus obligaciones religiosas, salió a respirar aire fresco. Dirigiéndose casi instintivamente hacia el Frías, a tan sólo una cuadra detrás de la capilla. Con tanta agua caída, imaginó que el cauce habría crecido. Extrañamente, eso no había ocurrido. Observó la montaña advirtiendo la gran tempestad que se abatía en la cerrillada. La impresión le produjo temor.

Otros vecinos se le acercaron. Menos cautos, no presentían ninguna desgracia. Sin embargo, algunos de ellos tenían sus viviendas junto al canal y en una cavidad que abarcaba una cuadra o más, con un desnivel de alrededor  de cinco metros, respecto a la calle y al resto del barrio. Separaba a este conglomerado urbano del peligroso zanjón, un muro de unos cinco metros por tres de ancho, y de tierra. Es decir, que vivían en una verdadera olla. Incluso había algunas casas en el mismo lecho del frías. Esta situación se debía al incumplimiento del contrato de una empresa, que había extraído arena y ripio del lugar, con el compromiso de rellenar el sitio, para después proceder al loteo correspondiente. Al no producirse ninguno de los dos actos, familias procedentes de las zonas rurales excluidas de su medio -por diferentes razones- se fueron asentando en ese terreno baldío pero peligroso.

Recuerda Tarico, que trató de advertir a los vecinos pero ya era tarde. A sus espaldas un estruendo interrumpió la conversación. No estaban muy lejos de donde se iniciaba la tragedia. Algunos moradores del bajo alcanzaron a huir con lo puesto solamente, porque las aguas embistieron el muro e inundaron la olla, que pronto se convirtió en un oscuro remolino, donde la creciente penetraba fatalmente para ahogar a sus víctimas, que junto a enceres domésticos y animales, flotaban sobre las pastosas aguas. El sacerdote vio pasar los cuerpos, bajando trágicamente, enredados entre ramas y alimañas, en un viaje vertiginoso y fatal. Y no pudo más que llorar y rezar, sus manos no podían alcanzarlos sin ser arrastrado él mismo. Lentamente, las aguas fueron descendiendo.

Numerosas familias se aglutinaron en torno al padre Tarico y a su colaborador, el padre Contreras. Entre otras cosas, hizo que los afectados formaran una comisión que los mantuviera unidos y organizados, para así efectuar con éxito sus reclamos. Ante la falta de acción gubernamental, dispusieron ocupar los terrenos fiscales que se hallaban detrás del hospital José Néstor Lencinas, pero fueron desalojados por la policía montada. El grupo insistió en el pedido de carpas que se consiguieron.

Ante la noticia de la llegada del presidente Onganía a la provincia, el ex sacerdote organizó una convocatoria, para que se hicieran reclamos al primer mandatario. Pero, como lo prueban las crónicas periodísticas, Onganía y su comitiva, cruzaron velozmente las calles de Villa del Parque, para dirigirse directamente y visitar solamente el destruido dique Frías. Esta indiferencia, motivó que Tarico organizara una poblada, que anunció por el altavoz de la Capilla. Rápidamente una columna de cerca de quinientas personas, se dirigió hacia la casa de gobierno, donde concluiría la visita del presidente. Con sus pancartas ignoradas por la comitiva, llegaron a la explanada. La concurrencia se había aumentado con otro grupo proveniente de una zona también muy afectada de Godoy Cruz: 'Confín Desagüe'.

Todo fue inútil. Ignorados por los funcionarios, estos sólo accedieron a reunirse con Tarico, quien se negó por no permitir que lo acompañaran algunos de los damnificados. Entre cánticos nacionales y voces de protesta, fueron dispersados por la policía, mientras en el interior del edificio de gobierno se homenajeaba al presidente, con el almuerzo, antes de su partida en visita oficial a Chile.

Conclusión del licenciado José Osvaldo Antequera
Tras el desarrollo de los acontecimientos relatados, de las erráticas primeras declaraciones en torno a lo acaecido el fatídico domingo 4 de enero de 1970, que costó tantas vidas y bienes, mucho se dijo y especuló. Si bien es cierto que también se asumieron responsabilidades, fueron de carácter tardío. Tan tarde, que a un año del desastre, en plena y nueva temporada estival y con peligro de grandes precipitaciones, el panorama del Fías continuaba igual.

Vendrían otros hombres, más capaces y con más elementos a su alcance que capitalizarían la experiencia...

Es difícil hacer un análisis pormenorizado de todos y de cada uno de los elementos que engloban el fenómeno aluvional, por el tipo de comportamiento que manifiestan; pero existen y siempre han existido las señales de la naturaleza, en evidente advertencia.

Creemos que lo ocurrido, fue por falta de toma de conciencia, responsabilidad real y estudio de las condiciones ambientales que nos rodeaban.

  1. Pedemonte o piedemonte: falda, II. parte baja de un monte.
Fuentes:
Licenciado José Osvaldo Antequera, "El fenómeno aluvional en Mendoza: experiencia y conciencia del 4 de enero de 1970".
Luis A. Fermosel, "A 33 años del trágico aluvión", diario Los Andes 04/01/2003. 

1 comentario:

  1. Yo tenía 12 años y estaba en una colonia de vacaciones en el Pque. Gral. San Martín. Sólamente vimos lluvia, pero nada pasó ahí. Las noticias que no llegaban a Buenos Aires eran las que desesperaban a nuestros padres; sabían lo del aluvión, pero no como estábamos todos nosotros. Luego de 24 hs. de espera supieron que nos encontrábamos bien todos los niños. Nuestra sorpresa fue al visitar la ciudad al da siguiente y ver las marcas que habían dejado las aguas barrosa, que en algunos casos llegaban hasta los casi 3 metros de altura. También vimos los autos arrastrados y enroscados en los árboles y toda la labor que se desrrollaba para sacr el agua lodosa de los sotanos de los edificios y casas. Recuerdo haber quedado shockeado por varios minutos sin poder asimilar lo que veía. Realmente un horror.

    ResponderEliminar