domingo, 18 de diciembre de 2016

El legado radiactivo de la Central Nuclear Embalse

a Javier Rodríguez Pardo


Unas 3 mil toneladas de combustible nuclear gastado es el saldo de 32 años de operación de la Central Nuclear Embalse. Su extensión de vida generará una ingente cantidad de desechos nucleares, que serán peligrosos durante miles de años.

por Cristian Basualdo

El primer reactor nuclear fue construído en 1942 por Enrico Fermi, se denominó Chicago Pile-1 y es un hito de la ciencia. A su vez marcó el comienzo de la difícil relación entre el material fisible y la seguridad de las personas a su alrededor. Los residuos de estos experimentos permanecen enterrados en un parque a las afueras de Chicago, un monolito señala el lugar y nos enseña que olvidar el problema no hace que desaparezca.

Durante miles de millones de años gran parte de los elementos radiactivos de la Tierra decayeron espontáneamente. Así la vida se desarrolló en un entorno de radiactividad decreciente. Para la generación nucleoeléctrica se concentran en un reactor los elementos radiactivos remanentes (como el uranio-235), con el objeto de fisionarlos y obtener calor. Una consecuencia no deseada es la generación de radionucleidos que habían dejado de existir: son los tristemente célebres residuos nucleares. La humanidad se vio atraída por el canto de sirena de la tecnología nuclear, por la posibilidad de obtener una fuente de energía ilimitada, sin considerar la trampa fatal que le quita el beneficio prometido.

En el Valle de Calamuchita, la Central Nuclear Embalse alcanzó su vida útil de diseño. La empresa estatal Nucleoeléctrica Argentina SA pretende operar la central unas décadas más. Para ello implementó el proyecto extensión de vida, que generará un ingente cantidad de desechos nucleares. El reactor embalseño es un modelo CANDU, de origen canadiense, que funciona con elementos combustibles formados por un arreglo de tubos de zircaloy, de casi medio metro de longitud, los cuales contienen dióxido de uranio. Funcionando a plena potencia, la central gasta unos 15 elementos por día. Una vez retirados del reactor, son almacenados en una pileta durante 6 años a efectos de su decaimiento térmico y radiactivo. Luego se transfieren al sistema de almacenamiento en seco (ASECQ), un acrónimo con el que se designan unos silos de hormigón, también llamados canisters, ubicados en el predio de la central.

Pileta de almacenamiento de combustibles gastados (PACG) de la Central Nuclear Embalse. El agua provee blindaje para la radiación emitida por el combustible y también provee un medio para remover el calor de decaimiento. Imagen: Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN).

El historiador ambiental Antonio Elio Brailovsky señaló que la producción de electricidad a partir de la energía nuclear se inició a escala industrial antes de completar los conocimientos necesarios para hacerlo: "Cuando se inicia, nadie sabe de qué manera se desmantelarán las centrales atómicas cuando lleguen al final de su vida útil ni qué se hará con los residuos radiactivos" (1). En el mismo sentido se expresó Len Koch, ingeniero nuclear norteamericano que trabajó en el desarrollo de los primeros reactores comerciales, al decir que se han producido muchos desechos que no tenían previsto: "Si mencionamos 100.000 años de algo que tienes que mantener aislado del resto del mundo, eso es suficiente para asustar a mucha gente. Ese fue quizá el precio que pagamos por la comercialización, en el sentido de no haber mirado hacia el futuro" (2).

Promesas vanas
Para tener una idea de la improvisación de la industria nuclear, basta considerar que comenzó arrojando sus desechos al mar en tambores, y desde entonces promete solucionar sus desventajas con futuros desarrollos tecnológicos. Un ejemplo paradigmático de esta conducta son los reactores reproductores, los cuales generan el material fisible que consumen, y solucionarían tanto el problema de los residuos como del agotamiento de las reservas de uranio. Hace unos 70 años que se anuncia su desarrollo comercial, pero con el fracaso del reactor norteamericano Fermi-1, del francés Superfénix y del japonés Monju, los reactores reproductores van camino a convertirse en la versión moderna de la máquina de movimiento continuo.

Otra técnica controvertida es el reprocesamiento, utilizada para separar el uranio y el plutonio del resto de los residuos, con el objeto de añadirlos a un nuevo combustible de óxido mezclado (MOX). El debate, por motivos económicos y ambientales, lleva décadas y sus meandros ocupan bibliotecas. En Argentina el Estado ejerce la propiedad del combustible nuclear gastado, a través de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). El país no cuenta con una planta de reprocesamiento ni tiene planes para construirla en un futuro próximo, porque no es viable ante los valores estándares de su tecnología actual. El combustible MOX tendría un costo de fabricación cuatro veces superior al combustible convencional (3).

Los documentos oficiales señalan el 2030 como la fecha límite para tomar la decisión de reutilizar los materiales fisibles contenidos en el combustible nuclear gastado, que no es considerado residuo radiactivo por el lobby nuclear argentino. Por motivos para nada inocentes (que trataremos más adelante), los funcionarios del átomo sostienen la posibilidad de su uso posterior mediante el reprocesamiento, a pesar de las pocas chances de implementarlo. Cabe señalar que Estados Unidos mantiene un ciclo de combustible de una sola etapa, sin reprocesamiento, y sus expertos consideran que la transición a un nuevo ciclo requerirá medio siglo o más. Así lo afirmó en 2011 un estudio interdisciplinario del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), patrocinado por la industria nuclear.

Elementos combustibles de la Central Nuclear Embalse. Foto: ARN.
Un inventario letal
En la Central Nuclear Embalse se inventariaron 140.761 elementos combustibles gastados al 31 de diciembre de 2015, que incluyen 2.628 toneladas de uranio natural y 9,6 toneladas de plutonio, la sustancia más peligrosa fabricada por el hombre. El período de semidesintegración del plutonio-239 es de 24.110 años, se trata del tiempo que tardan en decaer la mitad de los átomos radiactivos de una muestra. La actividad habrá desaparecido una vez transcurridos 10 períodos de semidesintegración. Es el karma de los desechos nucleares, su radiotoxicidad disminuye muy lentamente, hay que esperar la pobre limosna que dejan las horas y los siglos. Desde la antigüedad, la mitología y la religión reservaron la eternidad sólo a los dioses, mientras que la tecnología nuclear lo hace con sus residuos.

Componente esencial del armamento nuclear, el plutonio posee una reconocida toxicidad en los mamíferos, medida en millonésimas de gramo. Se trata de un emisor alfa peligroso en caso de ser inhalado. Se han producido casos de contaminación con plutonio tras accidentes radiactivos como el de Palomares, España, que probó los efectos deletéreos de su dispersión en un medio agrícola habitado. Si bien el plutonio es el elemento más temido de la tabla periódica, el combustible gastado de un reactor CANDU presenta un inventario letal de radionucleidos (4).

Además del combustible gastado, en el primer ciclo de operación de la Central Nuclear Embalse se generó una gran cantidad de residuos de media y baja actividad, que se detallan a continuación: 4.178 tambores con residuos radiactivos sólidos compactables; 92 contenedores chicos con residuos radiactivos no compactables procesados; 120 metros cúbicos de residuos radiactivos no compactables sin procesar; 229 metros cúbicos de resinas de intercambio iónico contaminadas con material radiactivo; 100 filtros mecánicos contaminados con material radiactivo almacenados en fosos sin ningún tipo de caracterización y/o reprocesamiento hasta la fecha.

Es de esperar que durante el segundo ciclo de operación se generen cantidades similares de residuos de alta, media y baja actividad. Por si fuera poco, con las tareas de extensión de vida se producirán residuos provenientes del recambio de los componentes críticos de la instalación, representados por materiales estructurales que componen los internos del reactor y los generadores de vapor. Con estas tareas se prevé generar una cantidad estimada de 1.190 toneladas (1.500 metros cúbicos) de residuos sólidos radiactivos. Que también quedarán almacenados en el predio de la central, algunos en silos denominados retube canisters y otros en contenedores denominados vaults (5).

Basural a cielo abierto con residuos solidos no radiacivos de la Central Nuclear Embalse, frente al nuevo galpón Municipal de Embalse el 21 de junio de 2015. El basural tardó varios meses en desaparecer consecuencia del cirujeo.

En cuanto a los residuos no radiactivos, la Central Nuclear Embalse se jacta de prestar: "Especial atención a la gestión de sus residuos sólidos convencionales (no radiactivos), realizando una metódica clasificación de los mismos". El acondicionamiento de este tipo de residuos está reglado en el sistema de gestión ambiental de la planta a través del procedimiento PS-95. Para apreciar la distancia que hay entre algunos documentos de Nucleoeléctrica y la realidad, basta observar la fotografía de arriba, que muestra residuos no radiactivos de la central dispersos en el casco urbano de Embalse, en junio de 2015.

Futurología y geomancia
Puede ser, Nucleoeléctrica dice que los edificios de contención de las centrales Atucha y Embalse resisten el impacto de una aeronave. No obstante, cuando el Foro Ambiental Córdoba planteó la vulnerabilidad de los silos con combustible gastado a ese mismo evento, el argumento fue descalificado por la empresa. Para el lector que solo se fía en los textos, la documentación de Nucleoeléctrica señala: "Choque de aeronaves. La CNE se encuentra ubicada en zona de prohibición de vuelo (...) Al no existir corredores aéreos en la zona, se descarta la colisión de grandes aviones comerciales" (6). Todo un ejemplo de futurología, digno de Horangel.

Por su parte, la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) sostiene que los silos fueron diseñados para soportar terremotos, inundaciones, tornados y explosiones (7). Para la determinación del riesgo sísmico del sitio Embalse, se apeló a una suerte de geomancia, ya que la central fue diseñada para un sismo base de diseño con una aceleración pico del suelo de 0,15 g. Pero revaluaciones posteriores indicaron valores de 0,35 g (en 1980), 0,26 g (en 1983) y 0,39 g en la actualidad. Está claro que la sismicidad de la región es más alta que la asumida durante el diseño y construcción de la planta.

Aunque no se mueva la tierra y ningún avión se estrelle sobre la central, los silos de hormigón se deterioran con el paso del tiempo. Tomemos por ejemplo la central nuclear canadiense Gentily II (gemela de la embalseña) cuya estructura de contención presentó grietas y fisuras debido a una reacción álcali- sílice (RAS) que afecta a las estructuras de hormigón (8). Para Nucleoeléctrica los silos son un sistema de almacenamiento temporario, donde el combustible gastado permanecerá 50 años. La empresa muestrea el interior de los silos cada 2 años para comprobar posibles fugas a través de las soldaduras. De producirse liberarían gases radiactivos como el criptón-85, o aeorosoles con cesio-137 o cobalto-60 (9).

"No se pueden garantizar unas condiciones estables en la superficie, durante por ejemplo 100 años. No digamos ya durante 1000 años", señaló Timo Seppälä, gerente de comunicaciones de Onkalo, un repositorio geológico profundo en construcción en Finlandia (10). La idea de estos repositorios es interponer barreras múltiples -de ingeniería y geológicas- entre los residuos y la gente, para retrasar la inevitable marcha de los radionucleidos hacia la biosfera. Los residuos radiactivos son aislados con diversos materiales y contenedores, para depositarlos posteriormente en galerías subterráneas. La Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) señala que el almacenamiento provisional del combustible gastado es menos seguro que la disposición geológica permanente (11).

Evolución del campo de silos con combustible nuclear gastado de la Central Nuclear Embalse, la imagen superior  fue tomada el 9 de agosto de 2002, mientras que la imagen inferior es del 3 de enero de 2014. Fuente: Google Earth.


En Argentina la Ley 25.018, Régimen de gestión de residuos radiactivos, contempla un fondo para la gestión y disposición final de los residuos radiactivos. Hace lo propio la Ley 24.804, de Actividad nuclear, con el fondo para retiro de servicio de centrales nucleares. Pero los fondos nunca fueron constiuidos y las explicaciones oficiales no alcanzan como excusa. Uno de los gerentes de la CNEA, Enrique Cinat, señaló que dichos fondos habían sido previstos en la legislación cuando se pensaba privatizar la centrales nucleares: "En virtud del principio de unidad de acción y patrimonial del estado, y en la medida que las centrales nucleares continúen en la órbita estatal, el financiamiento dependerá del presupuesto otorgado a la CNEA" (12).

En este marco fáctico, basta señalar que un repositorio geológico como Onkalo cuesta unos 3 mil millones de dólares y decomisar una central como Gentily II otros 2 mil millones de dólares, para advertir que Argentina está ante una encrucijada de costos. El Plan estratégico de residuos radiactivos (PEGRR) prevé desarrollar actividades de investigación y desarollo que permitan construir un repositorio geológico profundo, que debe estar operativo en 2060. Pero los plazos son solo números escritos por el lobby nuclear argentino, muy acostumbrado a la procrastinación. Tomemos por ejemplo a Jaime Pahissa Campá, experto en gestión de residuos radiactivos de la CNEA, que en 1996 señaló como absolutamente necesario que el país tenga un lugar donde aislar sus desechos nucleares: "De acá a 15 años".

El efecto Gastre
El diario Tagesanzeiger, de Zurich, publicó en su edición del 9 de abril de 1979, que Argentina le había ofrecido a Suiza un lugar para sus desechos nucleares. Al mismo tiempo la CNEA iniciaba los estudios de prefactibilidad para el primer repositorio de desechos radiactivos de alta actividad del planeta, en Sierra del Medio, provincia de Chubut, a unos 70 kilómetros al oeste de la localidad de Gastre. "Se contempla arrendar el repositorio a otras naciones", señaló en 1986 el por entonces gerente de Radiología de CNEA, Elías Palacios (13).

Jorge Sábato, uno de los padres del desarrollo nuclear argentino, planteó sus dudas relacionadas con el agua que podría tener acceso al depósito. También le preocupaba saber si el repositorio sería para otros países: "Los peligros de almacenamiento de cenizas radiactivas crecen con la cantidad de lo que se deposita (...) Una cosa es la instalación para servir a un programa de centrales nucleares modesto, como es el de la Argentina (...) y otra muy diferente si fuese a almacenar los residuos de países como Alemania, Suiza, Francia o Japón" (14). Sábato consideraba imprescindible un debate público porque: "Si usted quiere energía nuclear, va a tener que cargar con los residuos".

Javier Rodríguez Pardo fundó el Movimiento Antinuclear del Chubut, desde ese ámbito encabezó las protestas sociales que impidieron la instalación de: "Un inmenso baldón contaminante, imborrable y eterno, sobre un continente patagónico tan puro como quedó después del último período glacial" según palabras del propio Pardo (15). Durante los 15 años siguientes la presión popular fue cerrándole el camino a los tambores radiactivos. Los debates demostraron que el faraónico proyecto de Gastre estaba flojo de papeles en lo que respecta a la geología del sitio. Finalmente la CNEA desactivó el emprendimiento mediante la Resolución 2/97.

La marcha a Gastre del 17 de junio de 1996 fue la contundente respuesta del pueblo patagónico al gobierno de Carlos Menem, que pretendía imponer un repositorio de residuos radiactivos en Sierra del Medio, para alquilarlo a otras naciones.

Para evitar quedar en la mira de los funcionarios del átomo y terminar convertidos en un basurero nuclear, numerosos municipios se declararon "Zonas No Nucleares". También incorporaron prohibiciones a la actividad nuclear la Constitución de la la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y las respectivas Constituciones de las provincias de Buenos Aires, Chubut y Tierra del Fuego. El "efecto Gastre" alcanzó la Consitución Nacional, con la reforma de 1994 se incluyó en el artículo 41: "Se prohibe el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialente peligrosos, y de los radiactivos". No obstante, esta prohibición sería "peleable" para el poderoso lobby nuclear argentino.

Los kilovatios limpios
La empresa INVestigaciones APlicadas (INVAP) fue creada en septiembre de 1976 con el objetivo de desarrollar tecnología para el plan nuclear de la dictadura militar. A comienzos de la década de 1990 el por entonces director de INVAP, Conrado Varotto, expresó: "Uno de los puntos que más dificultaron el desarrollo de la energía nuclear ha sido el problema de los residuos nucleares y su destino. Nuestro punto de vista era colocar reactores CAREM al cliente y venderle el kilovatio limpio". Argentina exportaría el reactor y el combustible, y después importaría los residuos radiactivos. "Es un negocio de decenas de millones de dólares" afirmaba Varotto, preocupado por la financiación de INVAP (16). Que el país se convirtiera en el basurero nuclear del mundo era un asunto secundario.

En junio de 2000 los medios nacionales anunciaron con bombos y platillos que INVAP había ganado la licitación para el nuevo reactor de investigación y producción de radioisótopos de Lucas Heights, Australia. Una de las cláusulas exigía al contratista una estrategia de disposición viable para el combustible gastado, que no involucrara a Australia. INVAP, utilizando una política de secreto y hechos consumados, ofertó traer a nuestro país el combustible gastado para su "acondicionamiento". Para violar la Constitución Nacional el lobby nuclear argentino se basó en dos argumentos: Uno afirmaba que se trataba de una importación temporaria porque el combustible gastado retornaría a Australia luego de algunos años (17). El otro argumento fue negar que el combustible gastado sea un residuo radiactivo, así de simple, así de falso (18).

INVAP actuó según la conveniencia del momento, ya sea como un contratista privado o como una empresa estatal. Para apoyar su posición obtuvo diversos documentos del Gobierno Nacional, incluso el compromiso para financiar la ejecución de los trabajos. "Somos uno de los pocos países que vende barata su salud e incluso paga por ello", opinó el biólogo Raúl Montenegro de la Fundación para la Defensa del Ambiente (Funam), que junto a Greenpeace Argentina se opusieron a la importación de residuos radiactivos (19). Finalmente los residuos australianos terminaron en Estados Unidos, en el marco de un programa del Gobierno norteamericano para evitar actos maliciosos.

Una historia de abandono
El ciclo de combustible de la Central Nuclear Embalse está dominado por una racionalidad eminentemente extractiva. La central depende para funcionar de una simple actividad primaria como la minería, que genera gases de efecto invernadero, y evidencia lo engañosa que resulta la publicidad de Nucleoeléctrica que habla de: "Una fuente energética limpia, ya que no genera gases ni partículas causantes del efecto invernadero".

El uranio se encuentra en la roca en muy baja ley -entre un 0,1 % y 0,2 % del total de la roca procesada-, por lo que existe un gran desperdicio de mineral. Los residuos están constituidos mayoritariamente por las colas del mineral (a las que se les extrajo el uranio aprovechable) y por los estériles (la roca extraída con muy bajo contenido de uranio) (20). La OIEA reconoce que: "Los diques de relave y la administración y uso del agua, son las áreas más significantes en las que la industria de la minería de uranio deben mejorar su performance" (21).

Un páramo desolado. La mina abandonada de uranio Los Gigantes. En 1987 la CNEA anunció la detención de la explotación "por razones ambientales". El predio nunca fue remediado.

En Argentina la minería de uranio fue comandada por la CNEA y algunas firmas privadas, tales como Uranco o Sánchez Granel, que impusieron su propio orden en el territorio. La expoliación de las reservas implicó la acumulación de pasivos ambientales, que muestran el doble estándar de una industria que enarbola recurrentemente argumentos nacionalistas, y al mismo tiempo deteriora el entorno natural de los sitios de su propio país donde implanta sus instalaciones.

Por tratarse de una actividad sometida al imperio de acciones pergueñadas a una escala geográfica superior, la caída del precio internacional del uranio implicó el fin de las actividades de los yacimientos y complejos mineros nacionales. "Constituyen actualmente una geografía letárgica compuesta de desolados paisajes y auténticos páramos" señala el geógrafo Sebastián Gómez Lende (22). El abandono desmiente las invocaciones a los puestos de trabajo y al progreso, con las que el lobby nuclear argentino pretende la licencia social para sus emprendimientos.

Una reciente investigación de la periodista Silvana Buján expone con toda contundencia los impactos ambientales del plan nuclear argentino. "Peligro, residuos nucleares: una historia de engaños, ocultamiento y abandono" es el título del muy recomendable libro, disponible para su descarga gratuita en la página de BIOS Argentina. "En cada etapa del ciclo nuclear, desde la minería del uranio hasta el reprocesamiento del combustible agotado, se producen desechos nucleares, muchos de los cuales serán letales por miles y miles de años, dejando un legado radioactivo a las generaciones futuras. ¿Cómo podemos, como especie, dejar ese legado a los que vendrán después de nosotros? ¿Qué derecho nos arrogamos para semejante cosa?" se pregunta Buján.

Entre los lugares que contaminan encontramos el yacimiento Los Gigantes, al sur del Valle de Punilla, donde quedaron 2 millones 400 mil toneladas de residuos y 1 millón 600 mil toneladas de mineral marginal y estéril. La obra incluyó 12 pilas de lixiviación estática y una presa para evaporación de efluentes, que derramó millones de litros de líquidos ácidos con trazas de uranio, radio y radón, a la cuenca del río San Antonio, que desemboca en el lago San Roque. Otro caso paradigmático es el de Dioxitek, la planta que producía el dióxido de uranio para las centrales argentinas en el populoso barrio de Alta Córdoba de la capital mediterránea. Donde quedaron enterradas unas 57.600 toneladas de residuos que conforman el denominado "chichón".

Imágen satelital de la mina de uranio abandonada Los Gigantes, ubicada en la cuenca del río San Antonio que desemboca en el lago San Roque. Imagen gentileza de Fernando Berdugo.

El Banco Mundial otorgó un empréstito a la CNEA, para implementar el denominado Programa de Restitución Ambiental de la Minería de Uranio (PRAMU). De esta manera los pasivos ambientales se usaron como excusa para el lucro financiero. El investigador de la problemática minera Fernando Berdugo expresó que el PRAMU es: "Un lindo nombre. Una pantalla que inventaron para decir que hicieron algo", advirtió además que hay minas privadas abandonadas que no entraron en el cuestionado programa. El último informe de auditoría del PRAMU, del 20 de agosto de 2015, sólo menciona para Los Gigantes una consultoría de comunicación, la remediación bien gracias.

Irreversibilidades tecnológicas
Los antiguos pobladores del Valle de Calamuchita fueron los comechingones, sus valores se sustentaban en la sabia unidad con la naturaleza. Existió una cultura anterior, la Ayampitin, de unos 8 mil años de antiguedad (23). Estos pueblos originarios nos dejaron un valle con ríos de aguas transparentes, con montes de algarrobos y molles. Nosotros por el contrario, le dejaremos a las generaciones futuras la más siniestra escoria radiactiva creada por el hombre. Si valoráramos la libertad nos cuidaríamos de proyectar hacia el futuro las transformaciones irreversibles de la tecnología, condicionando la vida de las generaciones futuras, su entorno natural y sus posibilidades de subsistencia (24).

Heinz Smital, de Greenpeace, dijo que: "La energía atómica barata fue siempre un cuento chino, y en ningún lugar del mundo puede surgir una central nuclear si no se lastra masivamente a la sociedad con los costos y las cargas". Por su parte Carl Reinhold Brankenhielm, profesor de teología del National Council for Nuclear Waste de Suecia, señaló que: "Es algo que debería ser responsabilidad de todos los ciudadanos. Sin importar si son o no partidarios de la energía nuclear" (25).

Una cosa es segura, los días iran muriendo y con los días los años, la Central Nuclear Embalse cerrará y se convertirá en un inmenso residuo radiactivo a la vera de la principal reserva de agua dulce de la provincia de Córdoba. En el predio quedarán miles de toneladas de basura nuclear, con algunas toneladas de plutonio, un elemento de un gran poder destructivo cuyo nombre proviene de la mitología romana, en la cual Plutón es el dios del inframundo. Se lo representa con llaves en sus manos para indicar que las puertas de la vida se cierran para siempre a los que llegan a su reino.

Referencias
  1. Antonio Elio Brailovsky, Historia ecológica de Iberoamérica II, De la Independencia a la Globalización, Buenos Aires, Le Monde diplomatique, Ediciones Kaicron 2008, Capital Intelectual. Pg 198. 
  2. La frase de Len Koch se encuentra en el documental pro-nuclear Pandora's Promise, que permite apreciar lo mucho que ha progresado la propaganda nuclear desde Our friend the atom de Walt Disney. 
  3. Convención conjunta sobre seguridad en la gestión del combustible gastado y sobre seguridad en la gestión de desechos radiactivos, Quinto Informe Nacional, Comisión Nacional de Energía Atómica 2014. En relación a los costos del reprocesamiento ver: Furlano L., Marino A.C., Análisis del Ciclo de Combustible Nuclear Argentino. 
  4. Tait, J.C.; Gauld, I.C.; Wilkin, G.B., Derivation of initial radionuclide inventories for the safety assessment of the disposal of used CANDU fuel, Atomic Energy of Canada Ltd., Pinawa, MB (Canada). Whiteshell Nuclear Research Establishment. 
  5. Las cantidades de residuos radiactivos fueron extraídas del: Estudio de Impacto Ambiental del Proyecto de Extensión de Vida de la Central Nuclear Embalse, febrero 2016, Nucleoeléctrica Argentina SA. También se consultó: Alvarez D. E., Lee Gonzalez H., Medici M. A., Piumetti E. H., Residuos Radiactivos estructurales en el "retubing/refurbishment" de la Central Nuclear Embalse- Perspectiva regulatoria, Autoridad Regulatoria Nuclear. 
  6. La frase se encuentra en el estudio de impacto ambiental cuyo enlace está disponible en el punto anterior, páginas 239 y 240.
  7. Alvarez, D.E., Lee Gonzalez, H.M., Spent Fuel Management of NPPs in Argentina, 2010, Autoridad Regulatoria Nuclear. 
  8. Ian MacLeod, Decaying concrete raising concerns at Canada's aging nuclear plants, 08/07/2012, National Post. No se puede soslayar que Gentily II fue cerrada por los altos costos implicados en su extensión de vida. 
  9. El primer silo fue cargado el 18 de marzo de 1993. Ver: Carballo Carlos, Melo, Rodolfo, Radiological protection for spent fuel dry storage at Embalse NPP, Nucleoeléctrica Argentina SA. 
  10. La frase fue extraída del muy recomendable documental Into Eternity. 
  11. The Long Term Storange of Radioactive Waste: A Position Paper of International Experts, International Atomic Energy Agency, 2003. 
  12. Nota del gerente de Área a/c Seguridad Nuclear y Ambiente de la CNEA, Enrique Cinat, con fecha 28/07/15, en respuesta a un pedido de información de la senadora Nacional por Córdoba, Norma Morandini. 
  13. Las delcaraciones del ingeniero Elías Palacios se pueden encontrar en la edición del 30/09/1986 del diario Clarín. En los debates posteriores entorno al repositorio de Gastre, Palacios señaló que: "El riesgo actual asociado al almacenamiento de estos residuos en superficie se torna inaceptable a medida que transcurre el tiempo". 
  14. Jorge Sábato, Bases para un debate sobre los residuos nucleares, 27/03/1982, Clarín. 
  15. Javier Rodríguez Pardo, El Repositorio Nuclear de Gastre, Edición de Proyecto Lemu, Grupo amigos del libro. Impreso en El Bolsón. 
  16. "El primer optimista de la Argentina", Revista Línea, Octubre 2000, www.revistalinea.com 
  17. "El Artículo 41 es una determinación categórica que no admite ninguna excepción -como la importación temporaria-, ya que de hacerse alguna se estaria violando el claro texto constitucional". Contrato INVAP-Australia. Análisis del Dictamen de la Procuración del Tesoro de la Nación, informe preparado por el Dr. Daniel Sabsay, Greenpeace Argentina, Septiembre 2001. 
  18. La Ley 25.018 en su Artículo 3 entiende por residuo radiactivo: "Todo material radiactivo, combinado o no con material no radiactivo, que haya sido utilizado en procesos productivos o aplicaciones, para los cuales no se prevean usos inmediatos posteriores en la misma instalación, y que, por sus características radiológicas no puedan ser dispersados en el ambiente de acuerdo con los límites establecidos por la Autoridad Reguatoria Nuclear". 
  19. No a la Basura Nuclear de Australia, Si a la Constitución Argentina, Noviembre 2001, informe presentado por ONGs argentinas. El informe de Greenpeace sobre INVAP, Campaña Energía, marzo 2002. 
  20. Uranio, Combustible de los reactores atómicos y la industria militar, agosto 2012, Greenpeace. 
  21. OIEA Nuclear Energy Series, No. NF-T-1.1, Establishment of Uranium Mining and Processing Operations in the Context of Sustainable Development, 2009. 
  22. Gómez Lende, Sebastián, División territorial del trabajo y circuitos espaciales de producción: la Industria Nuclear Argentina (1950-2007), Caderno de Geografia, vol. 20, núm. 33, enero-junio, 2010, pp. 16-57 Pontifícia Universidade Católica de Minas Gerais Belo Horizonte, Brasil. 
  23. María Elena Laya Duarte, Embalse Tierra de Comechingones, Comunidad de los Duarte o El Pueblito de los Indios, Antropología y subjetividad cultural, Editorial Dunken, Buenos Aires 2006. Pg 57 y 67. 
  24. Jorge Riechmann, Energía Nuclear, Científicos por el medio ambiente. 
  25. La frase de Heinz Smital fue extraída del documental El gran negocio nuclear- La mentira de la energía barata, 20/11/16, Deutsche Welle. Mientras que la frase de Carl Reinhold Brankenhielm fue extraída del documental Into Eternity.

1 comentario:

  1. Faltan los canister de los materiales radioactivos del desarme del reactor que están en otro lado y más cerca de la ruta. Hay mucha mas contaminación de lo que se imaginan y creen saber.

    ResponderEliminar